Desigualdades

América Latina y el Caribe sigue mostrando desigualdades sociales que no tienen que ver exclusivamente con los niveles de ingreso y que afectan a poblaciones en condiciones particularmente críticas, destacándose la situación de las mujeres –que mejoran sus niveles de vida, pero en menor medida que los varones–, los jóvenes –que lo hacen menos que los adultos– y los diversos grupos étnicos (indígenas y afrodescendientes o negros, en particular) que, aunque tienen mejores condiciones relativas que antes, muestran indicadores considerablemente más bajos que los de la población blanca y mestiza.

Las discusiones sobre las múltiples desigualdades sociales en vinculación con los derechos humanos de niños, niñas y jóvenes, resultan así de una renovada urgencia tanto regional como global.

Los estudios relevados siguen mostrando un conjunto complejo y preocupante de paradojas y contrastes, junto con un profundo malestar social, evidente en las irrupciones de movimientos juveniles que hasta no hace mucho tiempo permanecían poco visibles en el espacio público y que en los últimos años han ocupado calles y plazas en lucha por diversos temas.

En un subcontinente en el cual viven más de 146 millones de personas de entre 15 y 29 años de edad, lo cual representa al 26,3% de su población (OIJ, CEPAL y UNFPA, 2009), se configura así una coyuntura en la cual, a pesar de la baja de los índices de pobreza y de los avances en otros indicadores, las desigualdades sociales persisten y se enfatizan en las y los jóvenes del continente. Esta realidad debería ser un motivo de urgente preocupación y trabajo desde la academia y las políticas públicas, en vinculación con las organizaciones sociales que trabajan para revertirlas.

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